El referéndum celebrado en la localidad andaluza de Los Villares sobre la instalación de una antena de telefonía móvil en el pueblo, en el que el no ha ganado por un voto, da pie a reflexiones más serias de lo que parece sobre varios aspectos de la cuestión. Quizás el menor sea el del futuro de la sociedad de la información; para mí, lo más interesante es ver cómo pueden convivir en una misma sociedad dos aspectos aparentemente contradictorios pero en la práctica complementarios.
Por una parte, nuestro país ha acogido con extrema rapidez las ventajas de la tecnología que hacen la vida más fácil y se ha introducido gustosamente en la mentalidad precio de la vida tecnologizada: "lo quiero todo, ya, aquí y ahora y a mi gusto, y no tolero que se me contradiga". Por otra, desconfía de la tecnología cuando da pie a que surjan viejos fantasmas tecnofóbicos: miedo a la "radioactividad" de las antenas y convencimiento de que "el agua está más mala" en un pueblo donde sí existe ese equipamiento. La adopción de la tecnología se detiene en la playstation de los chavales; no se da el menor crédito a la ciencia, cosa lógica en un país donde no se aprecia el conocimiento ni se respeta la formación científica.
La sociedad de la información, que muchos deseamos más democrática e igualitaria, debe de surgir en una sociedad como la española, que ha experimentado cambios vertiginosos y profundos. La clave de la cuestión es esta: no somos conscientes de que nuestro país ha vivido un verdadero milagro económico, social y político, nos hemos convertido en el lugar donde se vive mejor y más tranquilo en el mundo, pero no hemos avanzado igualmente en otros asuntos. Por ejemplo, los miles y miles de ecuatorianos inmigrados que trabajan en los puestos más básicos hacen labores que los jóvenes de nuestro país no quieren hacer. ¿En qué se ocupan pues otros tantos miles y miles de jóvenes españoles con una instrucción mínima y una formación profesional nula, que están ahí y han sido criados como niños mimados sin instruir por los padres que han protagonizado el milagro económico español?
El miedo a la antena es en realidad el miedo a la novedad que turbe lo estupendamente que se vive aquí. Los campos del sur están cubiertos de plásticos que generan riqueza vegetal trabajada por jornaleros en la semimiseria. ¿Para qué queremos, pues, ciencia y tecnología? Una vez más, vivan las caenas.








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