La tentación de todo enfermo de los blogs es poner el grito en el cielo cuando un periódico impreso muestra la ignorancia de uno de sus redactores sobre los weblogs, pero yo me resisto a caer tan bajo. No es un problema de cómo los periódicos consideran el fenómeno de los weblogs sino uno de los cánceres que corroen el periodismo de nuestro país. Ya escribí porqué los diarios no entienden los weblogs ; la miopía sería la misma respecto a cualquier otro fenómeno social de base que no pasara por las horcas caudinas del agenda-setting y la mentalidad que éste configura. Para mí, esa es una de las razones por las cuales no crece la lectura de periódicos entre los nuevos sectores de lectores potenciales, cosa perfectamente posible según han demostrado los diarios gratuítos.
Los periódicos impresos no entran en crisis por la aparición de los weblogs; esa es la megalomanía del sectarismo que afecta a los entusiastas de las corrientes incipientes o minoritarias. Y los weblogs pueden pasársela tan ricamente sin los periódicos, aunque hoy por hoy, son estos quienes dictan la agenda-setting, ya que ni siquiera lo hace la televisión.
En Francia, el crecimiento de los blogs ha sido imparable. Ya hay dos breves programas de televisión semanales sobre weblogs; el pasado 12 de enero, Le Monde publicaba un reportaje divulgativo sobre el hecho. Los medios están atentos, unos más que otros; La Vanguardia ya publicaba el 8 de enero un reportaje divulgativo en sus páginas dominicales, ya que este diario tiene la suerte de contar con un colaborador especializado y bien informado respecto a internet, tecnologías y nuevos medios, Alex Barnet. En cambio, la edición catalana de El País se descolgaba, el mismo día, con una columna de Margarita Rivière, titulada Mutantes, en la que considera los blogs como "incesante verborrea contemporánea" y atribuía el fenómeno a la necesidad postmoderna de ser visto para existir socialmente.
Esa visión reduccionista puede ser aceptable pero no suficiente. Lo mismo se dijo de las revueltas de las banlieues francesas: quemo unos coches y salgo en la tele, luego soy algo más que un pobre pelanas anónimo en la sociedad del éxito. Pero del mismo modo que los weblogs son una revolución comunicacional que hace de internet mucho más que una tecnología de la comunicación, las revueltas de los hijos de los inmigrantes en Francia son una prefiguración de un nuevo descontento social que, si se generaliza, adoptará formas y razones muy distintas a las de los movimientos de protesta tradicionales.
En suma, la revuelta de las banlieues y la revolución de los weblogs tienen una cosa en común: son respuestas a promesas incumplidas. En el primer caso, respuesta a la democracia burguesa liberal: libertad, igualdad, fraternidad y prosperidad para todos. En el segundo, respuesta a la promesa cultural e informativa de la modernidad: hacer efectivo el derecho a enviar y recibir información que recoge cualquier constitución digna de ese nombre. Si se es un mutante por ejercer masivamente el derecho autónomo a comunicar, ¿qué pasará cuando se pueda hacer lo mismo con el del trabajo digno o el de la vivienda? Es para pensarlo, Margarita.
Unos que sí se enteran: Los blogs dejan de ser moda para convertirse en negocio, en el diario económico Cinco Días.








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